¡ A Nou Barris !

Jose Molina Ayala Relatos Dejar un Comentario

¡Mi querido Nou Barris!

¡Cuántas veces te he vivido!
¡Cuántas te he soñado!
¡Cuántas te he sufrido

Sobre tus campos, la vida fluía con sus rosas rojas, sus dientes de león, sus serpientes que cazábamos como trofeos de una vida urbana que imponía su presencia

¡Mi querido Nou Barris!

Salvaje, fresco, bravo y agreste, lejos del frío asfalto de la ciudad pequeños núcleos de vida urbana cubrían tus amplios descampados.
En sendos edificios alojabas a los leprosos y a los locos que la llamada civilización expulsaba de su vida cotidiana

¡Mi querido Nou Barris!

Sobre tu tierra poblada de plantas, flores y matorrales las arañas tejían en las rieras sus finas redes para sobrevivir. Y los hombres y mujeres construían sus hogares, barrios y sus nuevas vidas.
Vidas golpeadas por la pobreza, expulsadas de sus lugares de origen
Vidas desafectas y perseguidas por un régimen militar vencedor de una cruel guerra.
Vidas excluidas de la vida que tan solo anhelaban paz y sosiego en un lugar silencioso y apacible donde los gusanos de seda procesaban la vida en los surcos de los árboles haciendo volar nuevas esperanzas en el ciclo eterno del vivir.

¡Mi querido Nou Barris!

Muchos nacimos y crecimos entre tus rieras y cañaverales. En los pliegues de tu faz jugamos, corrimos y saltamos junto a las libélulas y las zigzagueantes mariposas, los lagartos y las escurridizas lagartijas.
El aire aún no contaminado acariciaba nuestros tiernos cuerpos y los rojizos atardeceres despedían nuestros nacientes días tras la fina silueta de la Sierra de Collserola

¡Nou Barris!

El esplendor de tu fresca naturaleza curtía nuestros primeros pasos por la niñez. Niñez que compartíamos con los llamados locos del Manicomio de San Andrés en las sesiones de cine los domingos por la tarde en aquel misterioso lugar de altas palmeras, majestuoso claustro y de miradas perdidas que saludaban nuestra presencia en un lugar alejado de la vida donde las bombas de la Guerra Civil aún continuaban estallando en algunas mentes.

¡Mi querido Nou Barris!

Viene a mi memoria la Comunidad de Montsant 31, donde convivíamos gentes de otros lugares, andaluces, murcianos, valencianos, catalanes, aragoneses. Las fiestas de Navidad, el pavo, la zambomba y las panderetas distraían los silencios de una vida rutinaria y vigilada.
Recuerdo los primeros pasos por la escuela en el Colegio Ramiro de Maeztu, las notas musicales del “Emigrante” “Su primera comunión” y “Madrecita” sonaban por los patios comunitarios. Luego llegaron los Beatles, los Rollings, la Nova Cançó, el mayo del 68 y un nuevo tiempo de esperanzas se abría en nuestros pequeños mundos.
Han pasado los años, más de sesenta, muchos de los que llegaron ya no están, se fueron, otros continúan construyendo sus vidas en este lugar alejado de los centros de poder a pesar de la hostilidad de los gobernantes.
Muchos continúan la noble tarea de armonizar la convivencia desde la diversidad, equilibrar la vida urbana con la naturaleza, conciliar las relaciones de sus habitantes desde sus propias realidades.
Para construir estos barrios insertos en plena naturaleza, fueron necesarios conflictos y luchas contra los poderes económicos y políticos que pretendían el mayor beneficio al menor coste.
La lucha por la defensa del Mental, la Planta Asfáltica, la zona verde de Prosperidad, los semáforos, el transporte público, las escuelas, institutos, polideportivos, ambulatorios, viviendas dignas, la aluminosis, el Bloque Fantasma, la cobertura de la Ronda de Dalt, la carestía de la vida.
Todas estas luchas, son como señas de identidad de unos barrios que tuvieron que hacerse a si mismos, fomentando la cultura, el respeto y la dignidad.
Tiempos de silencios convertidos en luchas solidarias. Tiempos de esperanzas y anhelos compartidos en una sociedad rota y dictatorial que como buitres planeaban para devorar cualquier atisbo de democracia. Tiempos de conquistas, donde miles de hombres y mujeres arriesgaron sus vidas por la libertad y por un mundo mejor.

¡Mi querido Nou Barris!

Continuemos cultivando la solidaridad y la empatía entre los seres humanos ante el mundo hostil de creciente deshumanización de lña sociedad de consumo y cuidemos del tejido asociativo en las relaciones humanas tan necesario para vivir la vida digna que nos merecemos

Cuando cada 14 de abril acudo a la manifestación por la República, vienen a mi memoria todos estos recuerdos de unas gentes que compartimos un tiempo de complicidades que hicieron posible que Nou Barris fuera lo que hoy es.

Barcelona, 20 de Agosto de 2019.

José Molina Ayala

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