Al otro lado del silencio

Jose Molina Ayala Relatos 7 Comments

 

En este viaje de la vida, sin darnos cuenta nos encontramos al final del trayecto, quedando atrás el tiempo de abrirse camino, de construir nuestras vidas en un mundo sobrevenido marcado por las incertidumbres. Los hábitos y ropaje del pasado han quedado en el armario de los recuerdos y nuestra esencia enraizada en la totalidad de la vida, sigue abriéndose camino con la frescura y desnudez de la naturaleza de las cosas.

En este nuevo tiempo, quiero recobrar la frescura de la infancia con la que descubría la naturaleza y sus elementos, quiero volver a sentir el otro lado del silencio donde la vida marca su ritmo. Viene a mí memoria los descampados y montañas de mi barrio, donde en la infancia perseguíamos mariposas, saltamontes, cogíamos caracoles, cazábamos lagartijas y cultivábamos gusanos de seda en cajas de cartón.

En esos tiempos de infantil frescura, nuestras vidas se llenaban de nuevas percepciones viendo como la naturaleza seguía su propio curso. Plantas, flores, insectos, pájaros, montañas, árboles, saltamontes, hormigas, constituían el mundo que nos rodeaba y del que formábamos parte. Un universo de diversidad se nos aparecía con todo su esplendor y colorido. Nuevas sensaciones se incorporaban a nuestros pequeños mundos. Tiempos de felicidad innata, donde la conciencia estaba arraigada en la esencia de nuestros orígenes y en el silencio aún no contaminado.

Afloran recuerdos muy lejanos de la juventud en los que la inocencia de la infancia iba quedando atrás y nos adentrábamos en ese nuevo mundo creado por los hombres con sus códigos, costumbres y sus leyes. Años de trabajo y de experiencias que sirvieron para encontrar los perfiles de nuestra propia identidad. Años de encuentros y desencuentros en un mundo acuciado por la codicia de nuestra propia llamada civilización del hombre.

Un mundo impregnado de historias personales y colectivas que han hecho posible llegar a ser lo que somos. Seres que descubrieron el lenguaje, la ciencia, la técnica, la filosofía y la medicina para crecer y mejorar nuestra especie humana. Seres que han sido y continúan siendo parte de la historia en la lucha por la dignidad de las personas. Seres que constribuyeron a las grandes ciudades y a los grandes progresos. Seres que conquistaron los cielos y el firmamento. Y también un mundo de seres poderosos y codiciosos que crean las guerras y las desigualdades sociales.

Un mundo inmerso en graves contradicciones donde los avances científicos y tecnológicos han cambiado nuestras vidas convirtiéndonos en objetos de consumo y consumibles que nos aleja cada vez más de nuestra propia naturaleza como seres humanos. En las ciudades, los campos, las montañas, los árboles, los mares, en el universo la vida continúa vibrando con sus átomos, moléculas y células que configuran entes propios de una gran diversidad en un orden global inexplicable de una belleza innata. Códigos genéticos que determinan vidas y formas, a través de sus propias leyes naturales en un misterio de continuidad. Leyes eternas que rigen nuestras vidas más allá de los silencios, de las palabras, de los sentimientos y experiencias.

Son muchos los que  continúan revelándose contra las injusticias y contra un mundo que  va hacia la deriva destrozando nuestras propias esencias. ¡Hemos conquistado la Luna, queremos adueñarnos del Universo, pero estamos destruyendo la Tierra! ¡Hemos vencido muchas enfermedades y alargado la vida pero continuamos matando con las guerras y las desigualdades! ¿Hacia dónde se dirige el mundo?

En este último tramo del trayecto, quiero volver a sentir la esencia de mi ser alojada en los misteriosos silencios de la existencia, volver a sentir que soy parte de esta naturaleza, que soy materia viva en un magma de energía. Quiero volver a sentir los vuelos zigzagueantes de las mariposas, observar las laboriosas hormigas en su quehacer diario y ver las escurridizas lagartijas que se esconden a mi paso. Quiero sentir la vida en cada instante, en cada mirada, en cada beso, en cada sonrisa, en cada lágrima, en cada paisaje, hasta reencontrarme con el silencio donde la consciencia se diluya en un mar infinito de consciencias que fueron y dejaron sus señas de identidad en el camino eterno de la vida.

Barcelona, 13 de Octubre de 2018 Pepe Molina Ayala

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Comments 7

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  1. Todas estas vivencias , todos estos recuerdo, todas las luchas , todos los éxitos y fracasos en nuestras reivindicaciones y sobre todo todos los valores positivos que trasmites en todos tus escritos pueden y deben tener un destinatario, los nietos.
    Que esos locos bajitos tengan, como nosotros, un recuerdo del todo el amor y todas las enseñanzas de sus abuelos.
    Aprovechemos para transmitir una idea de lucha contra toda clase de injusticia a los mas jóvenes que son los nietos.
    Adaptando la magnifica canción de Ismael Serrano “ Abuelo cuéntame otra vez “.

  2. Pienso que las mariposas,lagartijas,caracoles y paisajes de tu niñez huyeron hacia un recóndito lugar de la memoria de un tiempo que pasó.
    Por ello te será imposible regresar a ella para sentir la naturaleza como antes. ¡El tiempo que se va no vuelve!
    Si convenimos que esto es así y nos provoca una cierta angustia o nostalgia, nos queda siempre el consuelo de aquella frase del poeta chileno: “Confieso que he vivido”.
    Hoy los nuevos niños de nuestra ciudad navegan en un paisaje virtual de Playstation donde las mariposas, las lagartijas y caracoles juegan a través de una pantalla, pero tal vez algun@ se atreva más adelante a asomarse a la realidad, quien sabe.

  3. Amigo Pepe, coincido con tu bonito comentario y con tus plausibles deseos, pero me temo q tienen mucho de sueño y quimera. Las lagartijas, las mriposas y demás elementos, tambien estarían encantados de q se hicieran realidad tus deseos. Un abrazo

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