El amigo Juan Navarro cumple 90 años-«De la Cataluña antifranquista a la República Catalana-Cap.XVI

Jose Molina Ayala Historias de la ciudad, la ciudad y las personas, Relatos 3 Comments

Juan Navarro cumplía el 6 de enero 90 años.  Juan fue para muchos y también para José Ramón un referente en la lucha antifranquista, y uno de sus padres políticos junto con Vicens Faus y Rafa Lora cuando se incorporó a la militancia del PSUC a principios de los años 70.

Llegar a esa edad habiendo superado no sólo las vicisitudes físicas y biológicas, sino también los imponderables de la vida como la muerte de un hijo, su mujer y otros seres queridos, no es tarea fácil y tanto Juan como las personas que han transitado por la vida llegando a los umbrales de sus propias existencias manteniendo sus convicciones por un mundo más justo merecen las mayores de las consideraciones siendo testimonios vivos de un tiempo de penurias económicas, guerra civil, dictadura, y de una larga lucha clandestina.

Juan, como tantos miles de hombres y mujeres que arriesgaron sus vidas en tiempos muy difíciles, representaba ese hombre de acero que ha mantenido el camino de la lucha por la justicia social, sean cuales fueren las circunstancias sociales y políticas sustentado por unos  principios humanistas, éticos y morales.

José Ramón quería celebrar con Juan su reciente aniversario y compartir los recuerdos de cuando lucharon juntos en el barrio, quería saber de sus experiencias como militante político y social, de su despertar a la conciencia política y la militancia clandestina, quería saber cómo antiguo militante comunista cómo asimiló la caída del muro de Berlín y la desaparición de la antigua Unión  Soviética, y sobretodo quería dialogar sobre la situación actual social y política y el conflicto Cataluña-Estado Español.

Un jueves de Febrero, junto a Daniel también amigo y compañero de Juan, se dirigieron a visitarlo en su vivienda en Via Favencia un piso tutelado donde tiene la cobertura de los servicios comunes de asistencia. Los recibió con su semblante siempre abierto y cordial. Se apoyaba en un andador por su dificultad al caminar.

A la derecha un mueble librería acogía sus recuerdos. Un reloj que marcaba las 10,30 junto a una estatuilla de Lenin, rodeado de  placas de CCOO, una medalla de honor del Ayuntamiento de Barcelona del 2014, detrás una foto con sus amigos y compañeros del barrio junto a la Alcaldesa Ada Colau, y a la derecha una foto con el alcalde Hereu. Delante una bandera de Cuba. Y debajo en otro estante una foto de Juan delante de una manifestación de los yayoflautas, en la que alguien enarbolaba una bandera republicana. Esos objetos  reflejaban recuerdos de una vida dedicada a la lucha sindical y política.

– Juan, hoy haces 90 años. Muchos años. ¿Cómo te sientes?

– Pues muy bien, la verdad. Por dos razones básicamente. La primera, por haber podido sobrevivir a una cruenta guerra civil y a la postguerra posterior, con el bagaje vital que ello conlleva, y segundo, por la familia personal y fraternal que he creado y que me ha acompañado a lo largo de la vida hasta el día de hoy.

-Muchos años de experiencias vividas. ¿Qué destacarías de la vida que  has llevado?

-De mi infancia en el pueblo los recuerdos son tristes: el hambre, la separación familiar con mi padre en el exilio de Orán y mi madre subsistiendo con 4 hijos (uno con minusvalía intelectual y otro con poliomielitis), tiempos de estraperlo,  los bombardeos de la guerra y las consiguientes masacres, la histeria de la gente por llegar a los refugios y una imagen que tengo muy presente es de mi abuela con la cara desfigurada por los pisotones que sufrió en esos momentos de confusión y terror colectivo. Una vez consolidado Franco en el poder y con mi emigración a Barcelona siguen los momentos duros pero aquí descubrí la lucha de clases y en colaboración con otros compañeros inicié mi carrera como luchador sindicalista, primero desde el verticalismo y la clandestinidad y con la democracia ya dentro de la legalidad en CCOO.

-¿En que año llegaste a Barcelona?

-En el mes de junio del año 1944, después de 2 años de estraperlo moviéndome por Alicante, Granada y Sevilla.

-¡Tu fuiste unos de los fundadores en la clandestinidad de CCOO!  ¿Cómo ocurrió?.

-Como consecuencia de un cúmulo de circunstancias que fueron modelando mi personalidad, pero básicamente por haber tenido la oportunidad de conocer a compañeros de los que aprendí a ser un buen camarada y sindicalista. Conocer la lucha de clases, el valor de la amistad y lo colectivo dejando a un lado lo individual. Hay que tener en cuenta que el ser humano es muy egoísta y valora en demasía su yo personal. Tomar conciencia de todo esto me sirvió para adquirir una serie de valores que me han forjado como ser humano. Con todo ello y el entorno adecuado lo demás vino solo.

-¿Recuerdas  por qué te involucraste en la lucha clandestina contra la dictadura? ¿Qué es lo que te llevó a arriesgar tu vida y tu seguridad en la lucha por la libertad?

-El primer libro que leí fue Pan y trabajo, de un autor anarquista cuyo nombre no recuerdo y que junto a otras lecturas trataba de entender, con poco éxito, la verdad. Pero el libro que más me removió sin duda fue La madre de Gorki. Su lectura me conmovió y me hizo poner palabras a muchos de los sentimientos y frustraciones que había sufrido y seguía padeciendo. Yendo a los hechos, puedo decir que el momento en el que descubrí mi vocación reivindicativa fue cuando con 17 años y trabajando en Maderas Llop se hizo una huelga contra las horas extraordinarias y para conseguir mejoras salariales.  Le dije a mi madre lo que había y me dijo ¡Ay hijo por lo que más quieras, el papá sabes dónde está, nada más falta esto que ahora te metas tu  en líos! Me metió tanto miedo que se lo dije al delegado del sindicato que era un anarquista de la CNT. ¡Mire he estado hablando con mi madre y me ha puesto la cabeza como un bombo! Así me quedé allí haciendo horas extraordinarias con los encargados, los demás ninguno hacía horas. Y ese hombre me decía “esquirol” ¡Yo no sabía lo que era “esquirol” recién venido del pueblo!

Todo aquello a mí  me afectó, porque cuando se normalizó todo, resulta que los que habían hecho la huelga les aumentaron las horas y nosotros los que nos habíamos quedado allí no  nos aumentaron nada. Entonces me cagué en todo. A mi madre le dije la pobrecita, que me perdone ¡No te voy hacer más caso, ahora yo he quedado como un marrano! Así que  presionado por mí madre y el miedo a perder el empleo no secundé la huelga y  la acusación de esquirol, palabra que desconocía por aquel entonces, me rompió por dentro y me dije que nunca más actuaría de esa manera, y creo que he sido coherente desde entonces. Con el tiempo y mi ingreso en el PSUC fui descubriendo inquietudes y razones de peso que me impulsaron a luchar. La amistad, los objetivos sociales y acabar con la dictadura me daban fuerzas para ir asumiendo los riesgos que ello conllevaba como la cárcel y los despidos laborales. Conocer a personas como Ángel Rozas, Vicens Faus, Rafael Lora, Javier Moscoso y  tantos otros camaradas lo facilitaron todo.

-¿En qué año entraste en el PSUC?

-En el año 1957, militaba en el barrio sobretodo y luego a nivel sindical. Éramos una célula de tres, un tal Pablo, ya es muerto el pobre, vivía en Buen Pastor, había trabajado en la Renfe, otr era carpintero que vivía en Sants y yo que vivía en Sant Andrés.

-Daniel preguntó ¿Qué oficio tenías?

-Era maquinista en el ramo de la madera. Yo al pasarme aquello del esquirol me entró una rebeldía por mi cuerpo, que me dije esto lo tengo que cambiar. Tuve la suerte que este de la CNT, me dio el libro Pan y trabajo. Tuve el carnet de la CNT pero no me gustó, yo no comprendía, por los criterios que yo tenía que el ser humano no es perfecto, al no ser perfecto como coño vamos a vivir todos juntos, me m voy acostar con tu mujer, tú con la mía ¿Qué coño es esto? Tiene que haber un orden, por eso me fue apartando de la CNT. Tenía 18 años.

-¿Cuando comenzaste tus primeras acciones de protesta?

– Estando en la empresa quería volver a mis orígenes. Cuando vine del pueblo quería ser lo que yo era, no lo que me habían tratado allí, aquello de esquirol me partió por la mitad. A la empresa traían madera y les dije a los compañeros esto no lo vamos a tolerar, os dais cuenta lo que están haciendo, a los estibadores les dan 100 pesetas por día, y a nosotros 80 a la semana, ellos llevan una madera y nosotros dos o tres. Y les dije de llevar las mismas maderas que los estibadores del puerto y al mismo paso. El encargado se dio cuenta, vio el panorama y nos llamó el gerente a los cinco al despacho. ¿Qué pasa aquí? Dijo. Aquí no pasa nada, aquí lo que pasa mire Usted, estos señores han venido del puerto, llevan una madera y cobran 100 pesetas al día y nosotros llevamos dos o tres y nos paga 80 pesetas a la semana. ¡Y como Usted comprenderá eso no hay derecho! Nosotros queremos trabajar pero queremos “perras” para comprar, le dije. Porque entonces se pasaba hambre. Y a partir de ahí pasaron a llamarme “Murciano el revolucionario”

-¿Cómo contactaste  con el PSUC?

-Con el PSUC contacté en el Sindicato Vertical, porque salí Enlace Sindical. Allí conocí a Carretero, Angel Rozas que fue el que me metió. En una reunión en mi casa una noche, vino Rozas, Romero que también era carpintero. Y Rozas lo primero que me dijo ¡Juan coge un papelito y apunta!. Porque yo no paraba de hablar lo decía todo, pum,pum. El dijo coge un papelito y te apuntas lo que tienes que decir. Yo dije entre mí, coño le dejo la casa y encima me machaca. ¡Estos que se han creído!. ¡El uno por un lado y el otro por el otro!. Yo no lo entendía y luego lo comprendí. Y por mediación de él, nos reuníamos en el Besós pasado el río, que había un Bar, no recuerdo como se llamaba, allí nos reuníamos.

-¿A ti cuando te detuvieron?

-El 23 de Febrero de 1964 me detuvieron saliendo de casa con un paquete de octavillas. Iba para la Renfe. Menos mal que toda la lista la tenía en el forro de una manga de la chaqueta. Vivía con mi madre de realquilado. La suerte que tuve que registraron mi habitación pero no la de mi madre. Yo iba a llevar el paquete a la Renfe, tuve que buscarme una coartada. Había leído un librito de López Raimundo de su caída, le torturaron para que hablara. Fue un  libro que me abrió mucho la mente.  Y yo no sé cómo el cerebro tiene tanto misterio que en segundos me dije tengo que pensar una coartada. ¿Adónde iba Usted? Preguntó el policía. ¡Al cementerio! Contesté. ¿Cómo al cementerio? Si, me dijeron que fuera a la puerta del cementerio que vendría un señor con una gabardina y un periódico en la mano y le diera el paquete. ¡Y cómo ustedes comprenderán me han despedido, no puedo darle de comer a mis hijos. Han visto como los he dejado en casa que no tenemos para comer y bueno….Se lo tragaron. ¿Y ahí que lleva? ¡Pues los papeles que me dieron! Y luego cuando se lo iban a llevar les dije que me dieran uno para tenerlo de recuerdo. El tío diría este tiene cara.

-¿Eran octavillas del sindicato o del Partido?

-Eran de CCOO, habíamos entregado veinte mil firmas.

-¿Te detuvieron?

-No, me volvieron a mi casa y cuando llegué  me dijeron que llamara a un vecino que iban a registrar. Les dije que no hacía falta, ¡No hace falta, registren! Registraron y no vieron nada. Pero yo tenía la lista de todos los trabajadores de los talleres en la manga.

-¿Te llevaron a Comisaría?

-Si

 

(Continuará)

 

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