«Encuentro con un amigo de la infancia»-De la Cataluña antifranquista a la República Catalana-Capítulo XIII

Jose Molina Ayala Historias de la ciudad, Reflexiones políticas, Relatos 1 Comment

La huelga de hambre de los presos políticos por la no tramitación de los recursos de amparo interpuestos ante  el Tribunal Constitucional dio a su fin. Los presos fueron llevados al Hospital de Tarrasa para su seguimiento y en Navidad no volvieron a sus casas como muchos querían sino que los condujeron a sus celdas. La noche del día de Navidad miles de personas se agrupó ante la cárcel de Lledoners para acompañar en esa noche tan especial a los que injustamente estaban encarcelados.
José Ramón, había participado el 20 de Septiembre de 2017 en la concentración de protesta en Gran Vía, Rbla Cataluña, en las manifestaciones  masivas por el derecho a decidir y sobretodo en el Referéndum del 1 de Octubre del 2017, todo el proceso había sido democrático y pacífico y nada tenía que ver con los delitos que se les imputaba a todos ellos.
La última conversación que tuvo con el socialista Miguel le dejó cierto sabor amargo, fue como un frontón donde los argumentos de ambos se entrecruzaban en verdaderos monólogos sin posibilidad de encontrar puntos comunes donde se pudiera encontrar los términos medios para una salida política.  El día de San Esteban sus recuerdos lo llevó a los años lejanos de la infancia cuando vivía en el barrio del Turó de la Peira, aparecieron por su memoria los años de la dictadura y del desarrollismo y los contrastes sociales y políticos de aquella sociedad con la actual, habían pasado muchos años, más de sesenta. Recordó a su amigo Pepe del barrio, lo llamó para comer juntos y hablar de aquellos tiempos y de los actuales. Quedaron a comer donde habitualmente acostumbraba a quedar con sus contertulianos en el Restaurante en forma de barco donde las conversaciones navegaban al son de los vaivenes estáticos de un barco atracado en el asfalto de la Travesera de Gracia.

-Querido Pepe, cómo estás? Hace tiempo que no nos veíamos.

– Pues sí, hacía tiempo, y aunque hayamos mantenido el contacto, telefónico y por wapp,  me alegra verte. Estoy bien a pesar de los achaques propios de la edad. ¿ Y tú cómo vas?.

-Yo estoy bien,  como tú lleno de canas. Aparte del placer de volver a vernos, quería recordar contigo aquellos años de nuestra infancia y sobretodo comentar la situación que estamos viviendo en España y Cataluña.

-Para comentar la situación que estamos viviendo, necesitaríamos varios encuentros como éste. Dicen que dos no se pelean si uno no quiere, pero también valdría el que dos no se entienden si uno ni escucha ni habla. Los diálogos de sordos son muy propios de políticos mediocres,  poco dados a algo tan democrático como negociar las discrepancias, y esos son los que hacen imposible avanzar, a la vez que sus provocaciones desestabilizan la convivencia.

-¿Te acuerdas lo bien que lo pasábamos en los descampados del barrio y en la montaña del Turó de la Peira? Aparte de los campos, teníamos pocos sitios a los que ir, a no ser que fuéramos al Hospital de los Leprosos  en Collserola o al Manicomio de San Andrés.

-Qué tiempos aquellos, tan bonitos como originales. Qué nostalgia y que recuerdos maravillosos me traen. Jugábamos a cosas tan sencillas como imaginativas: las canicas, el churro media manga, el escondite, etc.). Y en el campo, improvisábamos un partido de fútbol con piedras como porterías.

-Al Manicomio solíamos ir a ver cine con los pacientes, era un lugar siniestro, con pasillos largos y muy oscuros. Pero nos acogían con cariño. ¿Te acuerdas que allí vimos por primera vez las películas de Charlot y las del Gordo y el Flaco?.

-Un lugar tétrico y sospechoso aquel manicomio. Cuántas personas debieron sufrir un internamiento poco justificado. Pero eran tiempos en que todo valía, porque todo se tapaba. Era el oscurantismo y la falta de transparencia lo que primaba, porque hablar tenía sus peligros. Debía ser una terapia para los internos, el dejar entrar a gente de la calle para ver cine. Y qué películas aquellas en el manicomio,  cómo nos reíamos con el cine mudo o con poco diálogo. Ahora se llevan las del Señor de los anillos y parecidas, con la tecnología como referencia y base de todo. Los niños alucinan pero no ríen y eso me parece negativo. No creo que este tipo de películas les hubieran servido a los internos, que lo que necesitaban era reírse y no retorcerse el cerebro con escenas imposibles por artificiales.

-Al Hospital de los Leprosos no íbamos casi nunca, eso de la lepra nos daba miedo. Sin embargo recuerdo un día que nos acercamos con una escopeta de perdigones para cazar pájaros, creo recordar que la escopeta era tuya. ¡ Que animales que éramos, matábamos pájaros solo por hacer puntería!.

-Lo de «Los Leprosos» impresionaba y era solo una referencia en la montaña. Era un lugar que nadie visitó nunca y que  vaya usted a saber lo que se cocía allí adentro. Otro lugar propio de regímenes oscuros. No recuerdo haber tenido una escopeta, porque la economía de mi casa no daba para esos “juguetes”. Prefiero recordar nuestra persecución a las lagartijas, porque lo de disparar y matar me sigue espantando y más si se trata de seres tan bellos e inocentes como los pájaros.

-¿Cómo recuerdas aquellos años

-Por el tiempo transcurrido, tengo lagunas, y solo recuerdo algunos pasajes concretos  y vagos detalles sueltos. Fueron tiempos de privaciones, y de carencias de todo tipo, que no sufrimos tanto porque éramos niños y nuestros padres evitaron el trasladarnos sus penurias en lo posible. Me quedo en especial con los amigos  que hice entonces, y que por suerte conservo más de 60 años después y tú eres un ejemplo. Lo que me marcó más fue el cole, el Ramiro de Maeztu. Las formaciones casi militares antes de entrar a clase, el canto diario del «Cara al sol» y la subida y bajada de las banderas. También el profe, Don Pablo, un vasco déspota, violento y aprovechado, que cuando perdía su Atletic de Bilbao, venía de mal humor y pegaba unas hostias a los alumnos por cualquier tontería, que en una democracia hubieran sido objeto de denuncia, pero en una dictadura cabía cualquier exceso por salvaje que fuera. Y el director, un cura abyecto, siempre malhumorado y amargado, un dictador con sotana, que era lo más alejado a un sacerdote que se pueda imaginar. El día que murió, fui a ver si era verdad para quedarme tranquilo.

-¿Te acuerdas que hacíamos mucha vida en la calle?. Las gentes salían con sus sillas a las puertas, hablaban y criticaban. Cuando llegó la televisión las gentes se refugiaron en sus casas y el telediario comenzó a formar parte de nuestras vidas.

-Es cierto, esas costumbres las exportamos de nuestros pueblos, lo de la tertulia en la calle al caer la tarde. Pero la llegada de la televisión entonces, como los móviles ahora, lo cambió todo y acabaron con las conversaciones entre vecinos y familias. Una revolución.

– ¿Pepe que añoras de aquellos años, si es que añoras algo?

-Además de la juventud, añoro nuestra inocencia y nuestra  felicidad, a pesar de no tener nada. No había lujos ni detalles que pudieran representar abundancia económica, sino todo lo contrario, ya que nuestras familias eran muy humildes, eran  trabajadoras que vivían con lo justo. Pero no nos quejábamos y disfrutábamos de lo poco que teníamos.

– Ya ves que las cosas han cambiado mucho. El trabajo escasea, la juventud vive en la incertidumbre, y el consumo se ha instalado en nuestras vidas.

-Sí, el paro es una lacra, y el tener trabajo no asegura dejar de ser pobre, dada la vergonzosa Reforma Laboral, que ha hecho posibles los contratos cercanos al esclavismo. Es difícil motivar a los jóvenes con las perspectivas de futuro que se presentan.En cuanto al consumo, antes no éramos ambiciosos, y el desear «tener muchos cacharros», la frase me recuerda al humilde e irrepetible Presidente de Uruguay, Pepe Mujica, que dice que nos pasamos la vida trabajando y persiguiendo tener muchas cosas que son prescindibles y que no nos hacen felices.

-¿Pepe sinceramente no crees que esta sociedad industrializada, de crecimiento acelerado y descontrolado alejado de nuestras propias esencias como seres humanos acabará con todos nosotros ?

-El capitalismo salvaje que han provocado y creado los avaros e insaciables “mercados”, está muy lejos de ser lo positivo que quieren hacernos ver, como motor del empleo, ya que la mayoría de productos manufacturados no se fabrican aquí sino en China y países de trabajo esclavo. Lo único que crece es el  número de ricos, los beneficios de las empresas, el número de pobres, incluso con trabajo, la desigualdad y el turismo barato. Crecen los intermediarios y la especulación, y los empresarios insolidarios a los que no importa pagar sueldos de miseria mientras suben sus beneficios. Es evidente que entre la explotación salvaje y descontrolada de los recursos naturales, el calentamiento global del planeta y el empobrecimiento de los ciudadanos por la avaricia insaciable del capitalismo, más las guerras injustas y alentadas por los productores de armas, pueden llevar a la destrucción material de nuestra civilización, la moral ya hace tiempo que está en marcha.

-¿Cómo percibías la dictadura? ¿Llegaste a participar en la lucha antifranquista?. ¿Te acuerdas de aquel mayo del 68 cuando CCOO convocó una concentración en la montaña del Turó?

-La dictadura, que sufrí en el cole sin saberlo, la empecé a vivir en plenitud y crudeza cuando inicie mi vida laboral. En las huelgas de la banca, corrí varias veces delante de los «grises» y fue entonces cuando me metí en el comité de empresa del Banco por UGT. Años atrás ya había hecho mis escarceos con el mundo de la política, participando en reuniones de un grupo de activistas de lo que años más tarde sería el PSC. Esta actividad me provocó no pocos sustos y alguna «espantada», al grito de !que viene la poli!, cuando hacíamos reuniones del futuro partido en un local de la Av.Montserrat. Eran los tiempos de la represión de la dictadura que perseguía con saña a todos los contrarios al régimen, que eran tachados de «masones»y «comunistas», como apestados. Lo de CCOO en el mayo del 68 en la montaña del Turó no lo recuerdo.

-En aquellos años ya participaba en manifestaciones contra la dictadura. Aquel día fui a la montaña, el verde se había convertido en gris por la cantidad de policías que habían montados a caballo. ¿Te acuerdas de Martín que siempre iba borracho?, pues en la calle Cadí, cuando llegó la policía montada a caballo empezó a meterse con ellos dando bandazos y lo corrieron a palos. ¡Pobre hombre! Ya en la montaña recuerdo a una mujer joven que se dirigió ante un policía diciéndole. ¡Vosotros tendríais que estar aquí bajo con nosotros! ¿Off que le dijo? Empezó golpear con las porras desde el caballo y nos refugiamos hacia la cima y luego fuimos en manifestación por las calles de Horta.

 

-Sí, recuerdo aquellos lamentables y dolorosos episodios de salvaje represión y descontrol policial, con gente inocente y desvalida. Aquellos sucesos no están lejos de lo que está pasando ahora, ya que los hemos refrescado con las incalificables imágenes vividas el 1-0.! Creo que el retroceso democrático es evidente, tanto por la Ley Mordaza como por la judicatura y el tinte ultraderechista del gobierno del Partido de la corrupción. El 1-O ha sido «la prueba del algodón», que ha evidenciado que estamos más cerca de la dictadura que de una democracia convalidadle. La actitud de la corona ha confirmado la decadencia del régimen y el vasallaje indecente de un sistema corrupto, opaco y deslegitimado.

-¿Participaste el 1 de Octubre en las votaciones?

-Sí, participé del día más ilusionante, a la vez que decepcionante y triste de esta pobre democracia. Me pasé tres horas bajo la lluvia, junto con miles de ciudadanos en mi pueblo, Sant Pere de Ribes, para poder votar, mientras conocíamos con inquietud y rabia las vergonzosas noticias de los apaleamientos y las salvajadas de las llamadas “fuerzas del orden”, que reprimieron con saña a votantes de otros pueblos de Catalunya. Sentí y sentimos mucha vergüenza e impotencia.

-Estamos viviendo unos tiempos que nunca hubiéramos imaginado que volveríamos a vivir.

-Sí, y viendo la que se avecina con el juicio a los políticos, la actitud de la cúpula judicial en actitud vengativa y escorada políticamente, los gestos indecentes de la corona y la irrupción del fascismo en el Parlamento andaluz, no auguran nada bueno. (continuará)

 

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Comments 1

  1. Como siempre, cada relato tuyo me hace vivir épocas pasadas casi olvidadas, pero estos tiempos que nos está tocando vivir, hace que lo que creíamos pasado se convierte en algo muy real.

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