La ciudad y las personas XXXVII-3ª ¡Vivo en el planeta Tierra en un lugar llamado Cataluña!

Jose Molina Ayala Historias de la ciudad, la ciudad y las personas, Relatos 2 Comments

Conflicto Cataluña-Estado español

¡Vivo en el planeta Tierra en un lugar llamado Cataluña!. Ha pasado tanto tiempo desde que nací que casi lo he olvidado. Lo hice en Barcelona en el barrio de La Sagrera, en una zona de modestas barracas alejadas del centro de la ciudad. Podría haber nacido en cualquier otro lugar de España, Europa o resto de continentes, como también podría no haber nacido, pero lo hice aquí en Cataluña, uno no elige el nacer ni el lugar son designios de la naturaleza y aquí en este lugar que forma parte de un Estado llamado España y de un continente llamado Europa he desarrollado mi vida hasta que el tiempo y la salud me lo permita.

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Todo empezó en el año 1949 cuando mis padres decidieron emigrar a Cataluña huyendo de la precariedad de su natal Murcia. Llegaron en tren como miles de inmigrantes a la majestuosa Estación de Francia en busca de un mundo mejor, yo iba alojado aún en el vientre de mi madre. Así dio comienzo una historia más de las muchas historias que provenían de todos los lugares de España. No iba a resultar fácil en aquella España de blanco y negro de la postguerra, de la cartilla de racionamiento en la que miles de familias se vieron abocadas a vivir en barracas, en lugares sin agua, ni luz donde la precariedad era la norma del día a día, pero su arrojo y determinación superaron obstáculos y con el tiempo junto a las gentes del lugar contribuyeron a ir tejiendo la historia de este país llamado Cataluña, tierra de acogida cuyos sedimentos migratorios de diferentes épocas y culturas conviven en armonía.

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El ciclo de la vida sigue su curso, los hijos, nietos y descendientes de las generaciones pasadas forman parte de este pueblo, hablan su lengua, comparten sus costumbres, viven el día a día de una sociedad con sus proyectos, alegrías, conflictos y los habituales avatares que comporta la vida colectiva de una sociedad que mira al futuro. Durante mi trayectoria vital en esta tierra desde la niñez descubrí la ciudad, su historia, sus costumbres, y conforme me adentraba en las entrañas del quehacer de este país fui descubriendo una sociedad culta y organizada en un rico tejido social arraigado en pueblos y ciudades con sus Orfeones, corales, orquestas, grupos de teatro, castellers, centros excursionistas, cooperativas, sindicatos, asociaciones, equipos de fútbol, etc. Como si de una gran orquesta se tratara de iniciativas y esfuerzos colectivos cada uno desde sus respectivos instrumentos y notas musicales hicieran posible esa sociedad abierta a la cultura, a la música, a la arquitectura y al progreso.

Esa trayectoria vital en Catalunya me ha hecho sentir parte de este pequeño lugar de la tierra de unos treinta y dos mil kilómetros cuadrados compartiendo su cultura, sus costumbres, su vida social y política. La cultura y las costumbres de los pueblos forman parte del acervo común de la humanidad. Si hubiera nacido y vivido en Madrid, Asturias, Galicia, Murcia, Andalucía, Francia o Inglaterra también formaría parte de sus costumbres, su cultura, su lengua, toda esa riqueza que constituye el acervo de los pueblos y que se transmiten de generación en generación formando parte de sus propias identidades. Nací en Cataluña, aquí he vivido, aquí han nacido mis hijos y mi nieto, y me siento parte de este pueblo como así se sintieron mis padres, como se sienten mis hijos, y gran parte de mi familia que emigraron de Murcia.

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Nuestra gran casa la tierra y todo lo que en ella nace y muere forma parte de ese Universo, pero nuestras vidas transcurren en un lugar y una sociedad concreta, con una historia, unas personas y unas realidades que conforman esas sociedades. Y Cataluña con su historia, su lengua, su economía forma parte de España, un país de países con una riqueza cultural y lingüística que la ennoblece por su gran diversidad de paisajes y culturas. Y esa realidad diversa que componen este país, tan legítimo es que los murcianos, los asturianos, los madrileños y las otras comunidades del Estado compartan y defiendan sus propias realidades, como que Cataluña también defienda las suyas en un marco de armonía.
Sin embargo ese ideal de armonía que debe imperar en la relación entre las diferentes clases sociales y entre los pueblos no siempre se alcanza. En última instancia los pueblos lo forman las personas y éstas requieren de unas condiciones dignas de vida y de unos servicios públicos para el desarrollo de sus facultades y capacidades y en todo ello el sistema político y económico juega un papel importante. Y en algunas circunstancias como es el conflicto entre Cataluña y un Estado en que la democracia ha sido secuestrada por intereses partidistas y el sistema se impone de manera desigual entre sus ciudadanos y los diferentes pueblos que la conforman el conflicto adquieren dimensiones incalculables.

Origen del conflicto

Han pasado cuarenta años desde la restauración de la democracia y del Estado de las autonomías, años en que la solidaridad entre los pueblos ha permitido el justo equilibrio de las zonas más empobrecidas. Sin embargo durante todos esos años los Gobiernos del Estado en Madrid han incentivado el desarrollo a favor de unas zonas en detrimento de otras, afectando especialmente al mediterráneo y en especial a Cataluña. En un Estado democrático y una Constitución de todos y para todos es justo que se atiendan los desequilibrios después de cuarenta años del establecimiento de las autonomías y de la oportunidad de desarrollo que han tenido todas ellas. Ante dicha situación de cierto agravio, Cataluña dentro del marco legal pretendió con la aprobación del Estatuto del 2006 un ajuste en lo que consideraba era un desequilibrio económico y social que perjudicaba su propio desarrollo y su propia subsistencia.

Ante esa iniciativa el actual Presidente del Gobierno Sr. Rajoy del Partido Popular impulsó una masiva recogida de firmas en todo el Estado español contra el Estatuto Catalán utilizando de forma perversa y maniquea los sentimientos de gran parte de los españoles contra Cataluña, despertando un sentimiento anti catalán que significaría el inicio de un proceso de graves consecuencias. Con esa iniciativa el PP ponía en marcha sus pretensiones centralizadoras como si Cataluña no tuviera derecho ajustar su propia realidad a la del Estado sin otra alternativa que someterse y subyugarse a los dictados de los poderes económicos que imperan desde los Gobiernos del Estado.

El Partido Popular encontró el enemigo exterior que necesitaba para sus propios intereses electorales y no solo se limitó a la campaña de firmas sino que interpuso un Recurso ante el constitucional manipulando la composición del Tribunal Constitucional con el fin de conseguir sus objetivos y lo consiguió con la Sentencia del 2010 derogando los aspectos más esenciales del Estatuto quebrando el pacto social de 1978 y el equilibrio constitucional del artículo segundo de la Constitución entre la unidad indivisible de España y el carácter plurinacional de nuestro país. ¿Qué había detrás de la campaña del PP? ¿Mantener el dominio económico de la oligarquía centralista? ¿Aplastar a Cataluña? Ante dicha sentencia una parte importante del pueblo catalán reaccionó con la gran manifestación de julio de 2010 de más de un millón de personas con el lema “Som una nació. Nosaltres decidim”, iniciándose un largo conflicto que ha culminado con la convocatoria del Referéndum del 1 de Octubre por el derecho a la autodeterminación. Durante estos años, la sociedad catalana en manifestaciones masivas y pacíficas han ido expresando sus anhelos de encontrar soluciones políticas al conflicto.

Y en estos momentos de incertidumbres donde está en juego no solo las conquistas democráticas que tanto esfuerzo costó, sino el propio desarrollo económico y cultural de esta tierra en la que se le ha impedido con deslealtad democrática y desprecio encajar en su justa medida en el entramado del Estado, no puedo mirar hacia otro lado como ciudadano de este lugar y comprometido en su quehacer histórico. Muchos de los que vivimos en este país sin ser nacionalistas ni independentistas hemos participado durante todos estos años en las manifestaciones masivas reclamando una solución política pactada al conflicto catalán.

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¿Qué ha ocurrido? ¿Qué ha pasado para que gran parte de la población catalana no independentista se haya incorporado a este proceso del derecho a decidir?

Además del golpe de estado contra Cataluña que significó la Sentencia del Tribunal Constitucional del 2010 el Gobierno, el Partido Popular ha mantenido una constante humillación contra la dignidad de la mayoría del pueblo catalán ignorando las millones de voces que reivindicaban soluciones políticas, no reconociendo el conflicto, utilizando todos los resortes a su alcance para “domesticar y adoctrinar a sus fieles” con proclamas patrióticas envueltas en banderas manchadas de corrupción aislando cada vez más a Cataluña con mentiras, utilizando las cloacas del Estado y acompañado de actitudes vejatorias con reiterados intentos de “españolizar Cataluña” y desacreditar la inmersión lingüística. Todo ello al tiempo que sus líderes más carismáticos se veían envueltos en cientos de casos de corrupción con nombres y apellidos con autopistas que no llevaba a ninguna parte, aeropuertos sin aviones, trenes del AVE sin pasajeros y un sinfín de despropósitos que han quebrado el sistema democrático y de Estado de derecho.

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Esa quiebra del Estado democrático y de discriminación hacia Cataluña, ha llevado a posicionarse a muchos no independentistas, entre ellos yo, a defender la dignidad de los que hemos nacido y vivimos en Cataluña para de manera soberana decidir su futuro  a través de un referéndum legal negado por el Estado por cuestiones constitucionales. Una Constitución que fue modificada en unas cuantas horas por órdenes superiores de Europa. Según parece la Constitución está en manos del PP y del PSOE apropiándose injustamente de ella, interpretándola en clave del nacionalismo español como si Cataluña no existiera.  Somos muchos los que no creemos en nacionalismos de ninguna clase que llevan a posiciones dogmáticas y excluyentes, pero si creemos en la dignidad de los pueblos para construir su futuro y en este caso parece existir una conjura del Estado a través del Gobierno del PP y del PSOE para aislar y excluir a Cataluña de la política de Estado, como si esta comunidad no existiera, como si no pudiera defender sus intereses, como si los millones de catalanes que reclaman una solución política no existieran, utilizando para ello todos los resortes del Estado, medios de comunicación, intoxicación informativa contra Cataluña como si se tratara de una tierra conquistada.
Como dijo Antonio Machado en un artículo escrito en 1909 en relación a la pérdida de Cuba y Filipinas ”Sabemos que la patria es algo que se hace constantemente y se conserva sólo por la cultura y el trabajo. El pueblo que la descuida o la abandona, la pierde, aunque sepa morir. Sabemos que no es patria el suelo que se pisa, sino el suelo que se labra: que no basta vivir sobre él, sino para él; que allí donde no existe huella del esfuerzo humano, no hay patria, ni siquiera región, sino una tierra estéril, que tanto puede ser nuestra como de los buitres o de las águilas que sobre ella se ciernen”.
Los anhelos de un pueblo no se pueden aplastar ni vencer con la fuerza, hay que labrarlos y cultivarlos pues tanto derecho tiene a ser atendidas las millones de voces que reclaman una solución política para Cataluña como las voces silenciosas. ¿Y qué mejor solución democrática como un referéndum para que libremente el pueblo catalán pueda manifestar su voluntad? Sin embargo ante las reiteradas negativas del Estado, las fuerzas políticas parlamentarias surgidas de las elecciones autonómicas en Cataluña el 27 de Septiembre del 2015 para dar salida al conflicto, interpretaron su propia legislación autonómica convocando un referéndum para el 1 de Octubre de 2017. Y en este proceso dificil y complejo miles de ciudadanos catalanes quedamos a la espera de la consulta popular para expresar nuestra voluntad democráticamente. (continuará)

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