Escarabjo pasando por las calles de Nou Barris

La ciudad y las personas-VI- La muerte de un guerrillero: Josep Lluis Facerías (1920-1957)

Jose Molina Ayala Historias de la ciudad 3 Comments

La mañana del 30 de Agosto de 1957, Julianín y  yo  salimos a correr por los campos cercanos a nuestro barrio como lo hacíamos cualquier otro dia de aquel verano u otro verano.  Aquel dia iba a resultar diferente. Por la mañana había llovido,  el dia estaba de un gris plomizo, las calles casi vacías, el azar nos condujo a un descampado que había delante del Manicomio de San Andrés  en el cruce de la calle Dr. Pi i Molist con el Paseo Verdúm y Pº Urrutia de Barcelona. Entre los matorrales jugábamos con los caracoles que habían salido de sus caparazones. De súbito  hacia las 10,45 de la mañana ruidos estridentes y ensordecedores irrumpieron en el lugar. Un hombre corría detrás del muro que había junto al Paseo Verdúm, cayó cerca de nosotros. Sin tener conciencia de lo que realmente estaba pasando, fuimos a su encuentro. El hombre yacía boca arriba, tenía su camisa blanca empapada en sangre, manipulaba algo entre sus manos.  Un policía de paisano se acercó gritando que iba a tirar una bomba. Nosotros asustados huimos del lugar. Teníamos ocho años.  Balas disparadas por la policía y la guardia civil desde ocultos lugares mataron al guerrillero Josep LLuis Facerias.

La muerte violenta de Facerias en la mañana de aquel 30 de agosto quedó gravada en la memoria de la gente del barrio, en la memoria del movimiento libertario y en especial en la memoria de los tres niños testigos de su muerte, Julianín, Josico y la mia.  El testimonio de mi primo Josico lo conocí cincuenta años después cuando organizábamos un homenaje a Facerias. Los tres niños mantuvimos casi en secreto durante muchos años aquel hecho que impactó muy adentro de nuestras vidas, vidas que aún no distinguían el ruido de las balas, ni  la violencia arbitraria,  balas que quebraron la inocencia de nuestros ocho años. Los tres sufrimos el impacto de encontrarnos delante de la muerte violenta a esa tierna edad que uno solo descubre la vida y lo  afrontamos  desde nuestras propias soledades en medio de pesadillas e insomnios infantiles. Luego el tiempo hizo su labor y la vida se abría con otros horizontes, sin embargo aquel suceso quedó encerrado en los laberintos de nuestra memoria a la espera de ser liberado de sus escondrijos como así lo hicimos cincuenta años más tarde que nos volvimos a encontrar en el mismo lugar el  30 de Agosto del año 2007. Ese día los tres niños, cercanos a los sesenta años compartimos los recuerdos de aquel fatídico día, recuerdos que por las circunstancias políticas de represión habíamos enterrado en lo más profundo de nuestra memoria.

Testigos de la muerte de Facerias, a los cincuenta años de su muerte

Josico, Julian y José testigos de la muerte de Facerias en el lugar donde lo mataron cicuenta años después. 30 Agosto 2007

La aparente paz de los años cincuenta  encerraba una  guerra larvada  entre vencedores  de la contienda civil y los que aún  no admitían la dictadura y el fascismo. La guerra civil no terminó en el año 1939, continuó con persecuciones, encarcelamientos, fusilamientos, exiliados, condenas a muertes.  El final de la segunda guerra mundial con la victoria de los paises aliados era la única esperanza de la España republicana, de los miles de exiliados y resistentes españoles que participaron  en la derrota del fascismo y en la liberación de ciudades como Paris. Esperanza que quedó frustrada con el fracaso de la invasión del Valle Arán en octubre de 1944 con la Operación Reconquista de España organizada por la Unión Nacional Española y el reconocimiento del régimen de Franco por los paises aliados.

Aún así muchos republicanos mayormente  anarquistas continuaron con su acción guerrillera  casi en solitario  con la esperanza de abrir grietas en el férreo régimen franquista,   a pesar de ser conscientes que tarde o temprano caerían en una contienda desigual donde no habia posibilidad alguna de sobrevivir. Entre esos guerrileros  se encontraban Facerias y Sabater.  En aquellos años tan duros de represión policial cualquier acción contra la dictadura eran una luz de esperanza ante un pueblo silenciado  que necesitaba retomar la iniciativa para volver a reorganizar la lucha antifranquista. Sus acciones armadas no exentas de contradicciones generaron desacuerdos en sus propias organizaciones que desistieron de la lucha armada por las consecuencias represivas que de ella se derivaban. Sin embargo, ellos mantuvieron sus propias convicciones ideológicas, a pesar de ser conscientes que sus vidas tenían fecha de caducidad, como así ocurrió aquel dia con Facerías.

Por aquellos años nosotros no sabíamos lo que era un anarquista. Entrando en la adolescencia, cuando comencé a tomar conciencia del mundo en el que vivíamos, descubrí lo que hasta ahora se nos había ocultado, la guerra civil y todo lo que ella comportaba,  supe de la existencia de anarquistas, comunistas,  republicanos y quién era aquel hombre al que vimos morir, un guerrillero anarquista. Tiempo mas tarde el azar me volvió a poner en contacto con el personaje Facerías durante el Servicio Militar en mi estancia en la Secretaría de Justicia de la Capitania General en Barcelona, por allí pasaban expedientes y sumarios de consejos de guerra, un dia llegó a mi mesa el sumario de Facerias el cual lei con sumo interés recordando los instantes de su muerte. Después en plena actividad social y política en el año 1974 me hice con el libro de su biografia escrito por Antonio Téllez “La Guerrilla urbana. I. FACERIAS, a través del cual supe de su historia y de otros guerrilleros urbanos y de  las difíciles circunstancias en las que se movían en aquellos duros años del franquismo.

Desde hace años cada treinta de agosto junto a anarquistas y vecinos del barrio acudimos  al lugar donde cayó abatido Facerias para recitarle poesias y hacer honor a su memoria. Acordamos hacerle un homenaje en los cincuenta años de su muerte. Siempre pensé que la versión de su muerte que publicaron los diarios, así como la versión de Antonio Tellez  no coincidía con lo que vimos Julianín y yo.  Para resolver esos interrogantes, solicité al Tribunal Militar la vista de los sumarios y expedientes de Facerias. Durante tres dias estuve indagando expedientes abiertos a anarquistas, entre ellos el sumario de Sabater, al final  encontré lo que buscaba el atestado de la policía de los hechos del dia 30 de Agosto de 1957. Efectivamente la versión oficial no coincidía con la nuestra.

Una vez visto el atestado en los archivos militares, solicité también vista del expediente judicial que se abrió en la jurisdicción civil por la muerte de Facerías, acudí al Palacio de Justicia donde se encuentran los archivos. Una funcionaria entrada en años, con cara seria me preguntó por qué estaba interesado en el expediente de un hombre que había matado a gente. Le contesté que estaba interesado por cuestiones personales y profesionales y que me constara, ese hombre no habia matado a nadie. Al tiempo que me hablaba yo me preguntaba sobre el cinismo de algunos funcionarios y de las instituciones del estado de  acusar de bandolero a un activista antrifranquista, en aquellos años de la posguerra, cuando su autoridad provenía de un golpe militar contra un gobierno legítimo como era la República y sobre más de un millón de muertos. Pensé en contestarle ¿de que violencia me está  Vd. hablando? No quise entrar en polémicas.  Me dio el expediente con solo dos folios, el primero, incoaba el sumario 383/1957 por la muerte de Jose Lluis Facerias por disparos de armas de fuego y el segundo  era  el Auto de Sobreseimiento por no aparecer en lo actuado justificación de comisión de delito. Le pregunté donde estaba todo lo actuado, testigos, atestado, autopsia. Me respondió con una sonrisa sarcástica que venía a decirme esto es lo que hay. Y  me fui del Palacio de Justicia, sin  los documentos que por ley debía contener las diligencias abiertas  a resultas de la muerte de Facerias.

Manicomio San Andrés-Terrenos cultivo-Pacientes cultivando-

Manicomio San Andrés Barcelona-Pacientes cultivando la tierra.

No conforme con la versión oficial del atestado, indagué a través de personas que pudieran haber visto los hechos desde el otro lado del muro donde estábamos nosotros, era dificil encontrar a alguien, habían pasado muchos años. Sin embargo, por casualidades de la vida, hablando un dia con mi primo Josico, le comenté lo que estaba investigando, me dijo que el también estuvo allí y vió como ocurrieron los hechos. ¡¡Increible!!  ¡ Lo que estaba buscando lo tenía en mi familia!. Le dije cuéntame todo lo que ocurrió ese dia. Me dijo, que habia venido con su padre a nuestra casa del Turó de la Peira, preguntó a mi madre por mi, y ella le dijo que estaría jugando por los alrededores del Manicomio. Vino en mi búsqueda. Bajó por las Casas Baratas y el Pº Urrutia, y  al llegar al cruce con el Pº Pi i Molist, nos vio a Julianin y a mi en el descampado, pero  dos hombres de paisano (policias) le pararon y no lo dejaron continuar. Al instante vio a un hombre que venia en bicicleta del Pº Verdum y  desde el muro del Manicomio aparecieron policias y guardias civiles ametrallándolo cayendo al otro lado del muro, donde estábamos nosotros.  La versión de mi primo Josico confirmaba la de Julianín y la mía, no intentaron detenerle como dice la versión oficial.

Mientras los pacientes del Instituto Mental aquella mañana del 30 de Agosto, suspendían sus labores terapéuticas de cultivo, policias y guardias civiles ocupaban sus puestos en el muro del Manicomio y en otros edificios colindantes para cumplir la orden de matar a Facerías  organizando con dicho fin,  una emboscada para  cobrarse la vida de uno de los guerrilleros mas buscados en aquellos años.  Convenía más matar la leyenda del guerrilero  y  desacreditarlo por medio de la prensa con descalificaciones que intentar detenerlo y enjuiciarlo por los supuestos delitos que hubiera cometido.(LVG-Muerte de Facerias-)

Aquella mañana Julianín, Josico y yo no solo fuimos testigos de la muerte de un hombre que resultó ser un guerrillero antifranquista sino también fuimos testigos de las maniobras de un estado policial que utilizaba la ley a su conveniencia bajo la complicidad y el sometimiento de  los poderes públicos, y la colaboración de la prensa controlada por la dictadura. Desde entonces han pasado muchos años, pero siempre es válido el tiempo para clarificar los hechos y  sobretodo recuperar la figura del personaje Facerias, que entregó su vida por la justicia social con todas las contradicciones que comportaba la lucha armada.

Después de aquel 30 de Agosto de 1957  la vida en el barrio continuó su ritmo y la sucesión del tiempo iba sustituyendo los acontecimientos del dia a dia en una constante transformación de la vida de cada uno y de la vida social del barrio. Conforme nos adentrábamos  a la década de los sesenta vinieron importantes cambios tecnólogicos, culturales, sociales y económicos. (continuará)

26 de Agosto de 2015. José Molina Ayala

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Comments 3

  1. josep lluis rueda

    Pep, no hi seré el dia 30, m’hagués agradat participar, a veure si l’any 2016 puc ser.
    He tingut un gran respecte per l’anarquisme, més encara, durant el temps de la dictadura: persones que interpretaven la vida personal com un servei a la comunitat/humanitat. Ara es fa difícil entendre com van sobreviure en aquella època, part de les seves energies van quedar refletides en la literatura.
    Pep, gràcies per portar-nos part de la teva memòria emocional i visual en el teu nou relat.

  2. Joan Martínez Vilella

    Hola company! ja t’he fet la primera visita, m’ha agradat molt, calen més blogs d’història com aquest.
    1 abraçada, salut

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