«La dignidad de un pueblo en Marcha» «MARCHAS POR LA LIBERTAD»

Jose Molina Ayala Historias de la ciudad, Relatos Dejar un Comentario

El 18 de Octubre la Asamblea Nacional Catalana Omnium Cultural organizaron en Catalunya cinco Marxas por la Llibertad desde diferentes puntos de la geografía catalana que confluían en Barcelona, en protesta por la sentencia del Tribunal Supremo que condenaba a cien años de prisión a los representantes políticos y líderes sociales catalanes.
En el pueblo de Teia del Maresme a primera hora de la mañana iniciamos el recorrido para unirnos a la Marxa por la Libertat que provenía de Gerona y reiniciaba su trayecto en Premiá de Mar por la Nacional II


Saludos, expresiones sonrientes y de complicidad se juntaban en aquel descampado a las afueras de Teiá. Hombres, mujeres y niños con sus mochilas, bocadillos y agua dispuestos a emprender la marcha para recorrer más de 22 Km que nos separaba de Barcelona.
Bajamos por la carretera hacia la Nacional II, atrás quedaban los descampados que bordean el camino, flanqueado en algunos puntos por cañaverales que se mecían por la brisa que de buena mañana nos acompañaba.

Llegados a la Nacional, ocupamos el centro de la calzada. Jóvenes con pancartas de cartón expresaban sus inquietudes e indignación. Pasados unos instantes desde el fondo de la carretera miles de personas avanzaban agrupados como si de un tsunami se tratara. Con gritos de júbilo nos unimos a la marcha y emprendimos el largo recorrido que nos esperaba.

Comencé el recorrido con sensaciones de empatía con las miles de personas que con determinación formábamos parte de la Marxa. Gentes de toda índole, sin distinción de orígenes iban agrupados codo con codo con un único propósito, decidir su futuro y protestar por una sentencia injusta. ¿Me preguntaba qué había ocurrido en este para que gente como yo y parte de mi familia y muchos conocidos provenientes de la inmigración, sin sentimientos nacionalistas ni independentistas estuviéramos defendiendo el derecho a decidir y protestando ante la injusta sentencia? ¿Qué había ocurrido en este país para llegar a esta situación? ¿Por qué personas de opiniones diferentes, ya fueran federalistas, confederales e independentistas marchábamos juntos con un único objetivo: el derecho a decidir?
Preguntas que sólo podían tener una respuesta. El trato injusto, desconsiderado, discriminatorio y con abuso de poder del Estado español hacia la sociedad catalana había provocado este tsunami democrático. Y la degradación moral y política del Estado español que había alcanzado límites insostenibles, por la corrupción política que afectaba a los poderes del Estado, tanto al ejecutivo, y judicial, como a la separación de poderes y sobre todo al menosprecio hacia Cataluña en sus legítimas aspiraciones a decidir su futuro después de haber sido torpedeado el Estatuto de Cataluña del 2006 por la sentencia del Tribunal Constitucional del 2010
Siempre he creído que las sociedades y los pueblos necesitan ser reconocidos en su amplia realidad cultural, social, económica y política, siempre he creído que los seres humanos necesitan ser respetados y sentirse queridos por los respectivos poderes políticos en el que están inmersos.
Cuando se vulneran los derechos más fundamentales del ser humano, como el de la vida, la integridad física y moral, la libertad ideológica, la seguridad, la libertad de expresión, de reunión y manifestación, el derecho a la tutela efectiva de los jueces y tribunales, cuando los Estados vulneran esos derechos para preservar sus propios privilegios, esa sociedad quiebra y atenta contra la dignidad de las personas y de las sociedades de las que forman parte.


El Estado español nunca tenía que haber atacado el Estatuto de Cataluña del 2006 aprobado por referéndum. Nunca tenía que haber predispuesto a la mayoría del pueblo español contra Cataluña contaminando a la opinión pública. Nunca tenía que haber menospreciado la voluntad mayoritaria del pueblo catalán expresada en múltiples manifestaciones pacíficas de millones de ciudadanos, y expresada en las urnas. Nunca tenía que haber recurrido a las cloacas del Estado y a la guerra sucia con relatos falsos. Y lo más grave nunca tenía que haber criminalizado a la mayoría del pueblo catalán por el simple hecho democrático de querer votar.
El Estado español tenía la obligación de negociar, dialogar, seducir con propuestas para encontrar una solución política a un conflicto político, y no se hubiera llegado hasta el punto en el que nos encontramos. Han ocurrido muchas cosas y muy graves que una sociedad democrática no se puede permitir. La sentencia ya está dictada con sus injustas penas. Ahora debe abrirse un diálogo, para liberar a los presos políticos y buscar soluciones para evitar confrontaciones inútiles de consecuencias incalculables.
Cuando una sociedad como la catalana u otra cualquiera se siente insultada, menospreciada, vilipendiada y encarcelan a sus representantes con relatos falsos para aniquilar las voluntades que solo piden votar y decidir, a esa sociedad sólo le queda la dignidad para hacer frente a tanta injusticia.
Las Marchas por la Libertad, con miles de personas recorriendo el territorio catalán representaban esa dignidad de unas gentes y de un pueblo que se resiste a ser humillado y doblegado por unos poderes que han perdido toda autoridad y credibilidad en relación a Cataluña.


Esos pensamientos surgían a lo largo del recorrido viendo la alegría y determinación de una juventud que empujaba el curso de la historia junto con los que ya hemos hecho un largo recorrido, satisfechos de que la historia no quede estancada en manos de los de siempre. Acudían a mi memoria las manifestaciones de Febrero del 76 en Barcelona por la ¡Libertad, Amnistía y Estatut de Autonomia! en las que participamos miles de catalanes y que fueron violentamente reprimidas. Y ahora 43 años después volvemos a reclamar libertad y amnistía poniendo en evidencia la fraudulenta transición de la que fuimos víctimas donde continúan gobernando los herederos del franquismo.
Durante el recorrido algunas abuelas salían a los balcones mostrando sus esteladas con sonrisas que escondían el recuerdo lejano en el que la dictadura prohibía hablar el catalán y obligaban a realizar el saludo fascista. Ante ellas los jóvenes manifestantes saludaban con gritos de “Sin las abuelas no hay revolución”.
Muchos de nosotros, los que vivimos en Cataluña, independientemente de sus orígenes, hemos construido nuestras vidas en este lugar, hemos convivido juntos para construir una sociedad justa y democrática, nos sentimos parte de ella, y solidarios con el resto de los pueblos de España, pero cualquier ataque injusto a la sociedad catalana nos pondremos en el lugar que nos corresponde como dignos catalanes.
Muchos de los que no tenemos convicciones independentistas, por cierto tan legítimas como otras, no es que queramos irnos de España, es que nos sentimos expulsados de esta España que no propone soluciones, que no tiene proyectos con respecto a Cataluña. Proyectos que podamos votar libremente. La represión, las cárceles y la criminalización de la mayoría del pueblo catalán nos llevan a un conflicto irreversible. Y hay que recordar que este conflicto lo inició el Estado español y es a él a quién corresponde encontrar una salida.
Ahora después de tantos años, viendo la deriva autoritaria e involucionista que padece nuestro país, las marchas eran una necesidad y un signo de esperanza para hacer posible los anhelos de tantas miles de mujeres y hombres que nos precedieron y dejaron sus vidas por la libertad y la democracia.

Al llegar a Barcelona, después de seis horas de camino, los puentes de la Gran Via, estaban repletos de gentes que saludaban con entusiasmo nuestra llegada, con gritos de “LLibertad, Amnistía y Autodeterminació!.


Gracias a los que han hecho posible estas marchas. Ha sido una experiencia inolvidable.
¡¡Hagamos nuestro el presente para ser dueños de nuestro futuro!!
¡¡Hasta siempre!!

Barcelona a 23 de Octubre de 2019

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