«El nacimiento de Alba y la búsqueda de nuevos caminos». La ciudad y las personas Capítulo XLI

Jose Molina Ayala Historias de la ciudad, la ciudad y las personas 3 Comments

Después de algunos meses de interrupción en los relatos «La Ciudad y las Personas», reemprendo la memoria con la que sería una nueva etapa de mi vida en el que coincidía con el nacimiento de nuestra hija Alba y la búsqueda de nuevos caminos profesionales. Con esas nuevas vivencias el impacto emocional y psicológico del accidente mortal de Agosto del 84 quedó agazapado y diluido en los circuitos de memoria.

El 10 de Noviembre de 1985 a las cinco de la madrugada con la primera luz que alumbraba el día nació Alba en la Residencia del Valle Hebrón, no fue un día como otro cualquiera, fue el día que nació nuestra hija Alba. Un nuevo día y una nueva vida que nos llenaba de ternura. Alba  fue recibida con alegría por su hermano Raúl, toda la familia y las compañeras y compañeros de la Residencia del Valle Hebrón que hicieron acto de presencia en aquella habitación de varias camas con sus nidos. El parto fue bien, normal, sin embargo un incidente rompió la armonía de los primeros días de Alba y su madre Manuela.

Una parturienta de la misma habitación que padecía una enfermedad mental, una noche la emprendió con Manuela tirándole un frasco de cristal de fruco y lo que pillaba a mano siguiéndola por todo el pasillo. Manuela cogió a Alba en brazos protegiéndola, corriendo por la planta hasta que al final los celadores controlaron a la enferma. Por aquellas fechas dio la casualidad que desde el Comité de Empresa pusimos como uno de los puntos a defender la mejora asistencial a los pacientes. Y mira por donde le tocó a mi mujer vivir aquella triste experiencia que superaba la ficción. Me reuní con el director del centro para pedirle explicaciones de lo sucedido, me pidió disculpas y dijo que había sido un error de la Psiquiatra que llevaba a la paciente pues creía que se iba a controlar pero no fue así. Por suerte solo se quedó en un susto. A Alba la llevaba cada mañana a la guardería laboral del Hospital.

Por aquellos años, la situación política estaba marcada aún por el asentamiento de la democracia después del intento de golpe de Estado de Tejero en 1981. El Gobierno de Felipe González que había accedido al poder con mayoría absoluta en las elecciones de 1982 aplicaba sus políticas reformistas en desacuerdo con los sindicatos que  el 20 de junio de 1985 declararon la primera huelga general en España en la nueva etapa democrática, contra la reforma al sistema de pensiones. A partir de 1986 con la incorporación a la Comunidad Económica Europea el gobierno de Felipe González apostó por la reconversión industrial en las zonas de Asturias, Bilbao, Sagunto, Ferrol que provocaron fuertes movilizaciones obreras.

Si  el país se adentraba a la plena reconversión industrial, mi vida profesional también necesitaba un cambio. Con la Licenciatura de Derecho obtenida en 1982  necesitaba dejar atrás los muchos años de celador sanitario y encontrar nuevos caminos que se ajustaran a mi recién adquirida titulación. Me presenté a unas oposiciones de Titulado Superior para el Ayuntamiento de Barcelona, no las aprobé,  intenté una plaza en el Ayuntamiento de Santa Coloma para la Oficina de los Consumidores, tampoco hubo suerte.  Parecía que trabajar en la Administración pública no era mi destino. Opté por el ejercicio de la abogacía que iba a requerir un proceso a fuego lento, no podía prescindir del salario de celador había que mantener la familia y pagar el piso, así que continué trabajando de mañanas en el Hospital del Valle Hebrón y por las tardes ejercía de abogado. Las profesiones liberales, como médicos, abogados, y otras provenían de tradiciones familiares y respondían a la natural reproducción de la sociedad de castas y de clases sociales. El pequeño porcentaje de hijos de trabajadores que aquellos años accedimos a la Universidad a la hora de encontrar salidas profesionales teníamos que afrontar las resistencias de una sociedad en la que las denominadas clases dominantes (empresarios, gobernantes, políticos, abogados, médicos, notarios, jueces, etc) eran un coto reservado a las élites o las estirpes familiares económicas y políticas que continúan detectando el poder económico y político.

Me resultaba motivador adentrarme en ese laberinto de resistencias,  no tenía otra alternativa, tenía que darle salida a los muchos años de estudios. Mis padres de origen modesto provenientes de un pueblo agrario de Murcia, tenían fijadas en sus mentes las clásicas figuras del pueblo, el notario, el abogado, médico, como profesiones reservadas a los ricos, nunca pasó por su imaginario cultural que sus hijos pudieran acceder a la Universidad y alcanzar una titulación de esas características. Sin embargo por un cúmulo de circunstancias recorrí ese camino y no iba a pararme después del largo trayecto recorrido. Así que una vez licenciado, inicié mis primeras experiencias de abogado, adecuando una habitación de nuestro piso en la calle Cartellá como despacho, coloqué en el portal de la calle una placa anunciando el nuevo despacho,  en aquella estrecha  habitación puse unos sofás, y por las tardes recibía las visitas. Las visitas procedían del barrio y del hospital. Había algún pequeño inconveniente, que para llegar a la habitación convertida en despacho, los clientes tenían que pasar por delante de la cocina, el recibidor, el comedor, donde estaba mi querida suegra Manuela con mi hijo Raúl, una pequeña pero distraída excursión y una bonita experiencia. Poco tiempo después salió la oportunidad de alquilar un pequeño piso en el Paseo Maragall para despacho, la experiencia de casa quedó atrás,  Raúl ocupó la habitación que hacía de despacho y la otra la ocupó la recién llegada Alba.

Por aquel entonces comencé también a pasar consulta los lunes por la tarde en los locales de la Asociación de Vecinos del Turó de la Peira para todos los socios. El despacho del Paseo Maragall, se fue consolidando poco a poco. Llevaba asuntos de oficio, civil, penal, asistía a los detenidos en las Comisarias y ante el Juzgado, así fui adentrándome en la profesión de abogado. Cuando tenía juicio en los Juzgados, pedía fiesta en el Hospital, a cambio de trabajar los domingos, cambiaba la bata blanca por la toga negra. Vivía en dos mundos distintos, el mundo del Hospital  y el mundo jurídico y judicial con otros parámetros, eso comportaba dos lenguajes diferentes.

Mi primer juicio fue un asunto de oficio de una conducción etílica peculiar, el cliente era una persona con estudios, trabajaba en la Caja de Ahorros, me contó la historia que tuve que creerme para defenderla con convicción. Me dijo que la noche de autos, había cenado con una amiga en la Barceloneta, y que solamente había bebido dos copas. Luego la acompañó a casa, y en la Travesera de Gracia según su versión le salió un perro por la calzada, desvió el volante hacia la derecha, golpeándose la boca con el volante, de la que le salía abundante sangre. De un Bar de enfrente salió una mujer a atenderles, y le ofreció Agua del Carmen con la que se enjuagó la boca. En eso que llegó la Guardia Urbana, y le hizo la prueba de alcoholemia, saliendo el nivel muy por encima de lo tolerado. Y yo sin saber de qué  iba  le pregunté, ¿Y qué? El me respondió, que el Agua del Carmen tiene un alto grado de alcohol. Yo no lo sabía. Le pedí que viniera  la mujer del Agua del Carmen como testigo al juicio, me dijo que no era posible. Tuve que creerme su versión,  así que compré en la farmacia una botella del Agua del Carmen, y la presenté como prueba, ante la mirada atónita del Juez y del Fiscal.

De aquel día, recuerdo los sentimientos de miedo y responsabilidad, me enfrentaba a una situación a la que no estaba habituado. El tiempo de espera para entrar a la sala de vistas se hacía interminable, el cliente esperaba impaciente, él no sabía que era mi primer juicio, ni sabía que por dentro yo estaba hecho un flan, pero tenía que disimular. Las fuertes palpitaciones del corazón, la sequedad de boca, tuvieron que ser ocultadas por esfuerzos en articular las palabras adecuadas. Yo le decía “Tranquilo no pasa nada” pero tenía la sensación que era a mí a quién llevaban al patíbulo. Como si de una corrida de toros se tratara, cuando tocaron los clarines llamándome a Juicio, entré en el ruedo de la sala enfrentándome a las miradas desafiantes del Juez y del Fiscal desde el estrado, ya no quedaba más remedio que lidiar de la mejor manera dejando atrás las palpitaciones y la sequedad de boca, tenía que afrontar la situación con la máxima dignidad. El juicio en última instancia no fue tan mal, le redujeron el tiempo de retirada de carnet que proponía el Fiscal.      .

A la vez en ese tiempo, surgieron hechos que reflejaban los inconvenientes de vivir en esos dos mundos. Era el precio que tenía que pagar para dar el salto a la abogacía. Una clienta del barrio que había acudido al despacho del Paseo Maragall por un asunto de herencia, días después acompañaba a su hija a Traumatología del Valle Hebrón, por una lesión en un brazo. Yo prestaba servicios en Farmacia. Aquel día el carro lo llevaba  cargado de sueros fisiológicos y medicamentos por el sótano, junto a Bar,  nos encontramos de frente, la clienta le dijo a su hija en tono de sorpresa ¡Ay nena no es l’advocat!  En ese momento me dije tierra trágame, pensé en decirle que no era yo, que era otro, que se equivocaba, pero no me resultaba fácil mentir. La saludé, la miré a los ojos como diciendo pues aquí estoy arrastrando un carro lleno de medicamentos, para salir del paso le dije  si necesitaba algo con respecto a su hija. Me dijo que no, y con la mirada extrañada me dio las gracias y se metieron en el Bar. Yo seguí hasta los ascensores un poco abochornado. Yo no tenía ningún problema en decir que compaginaba el trabajo de celador con el de la abogacía, pero suponía que la imagen que tenía de mí la clienta, habiéndome visto en funciones de abogado, y luego verme arrastrando un carro lleno de sueros, supongo que no era la más idónea. La clienta no volvió al despacho. Nunca supe si fue por el encuentro, o porque su duda ya estaba resuelta.

Con esa dinámica transcurrieron algunos años. Bata blanca por la mañana, despacho por la tarde. Cambio de bata blanca por la toga para la asistencia a los juicios. Hacia el año 1988, Felisa la Secretaria General de CCOO me propuso liberarme para el Sindicato como asesor a los Comités de Empresa. En ese tiempo el 14 de Diciembre del mismo año, se convocó la segunda Huelga General contra la reforma laboral del gobierno de Felipe González, y para informar sobre la convocatoria de la huelga recorrí varios hospitales  de Cataluña.

Y un buen día a través de un amigo Jorge Falcón “El Canario” de la Asociación de Vecinos que estaba en la junta de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona me dijo que buscaban un abogado, me entrevisté con miembros de la Junta entre los que se encontraba el entrañable amigo Tomás Tortajada, del que fue un referente por su ética y compromiso en la lucha por la libertad y los derechos sociales.

En 1989 firmé el contrato con la Federación, un nuevo tiempo aparecía con todo su esplendor e incertidumbres que me permitió no solo adquirir experiencias jurídicas sino lo más importante forjar amistades y mi vinculación durante muchos años al movimiento vecinal en el ámbito de la ciudad. Los diecisiete años de celador en el Hospital del Valle Hebrón quedaron atrás, sin embargo los recuerdos de esos años siempre los llevaré en mi memoria como un tiempo de aprendizaje en los aspectos sustanciales del vivir, abandonaba un lugar en el que a diario aparecían las frágiles fronteras entre la vida, la enfermedad y la muerte. (continuará)

 

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Comments 3

  1. Recuerdo especialmente que cuando eras celador en trauma me decias: «Dani, no se si podré aguantar lo que ven mis ojos cada día» y aguantaste!!! Mas tarde en farmacia llego una especie de liberacion. Que tiempos!!! Un abrazo

  2. Gracies Pepe per compartir les teves vivències….
    Haig de dir que son molt engresquedores, un cop comences, la lectura t’enganxa.
    Hem viscut gairebé a la mateixa època i això fa que també em resulti familiar.
    Anims a continuar-ho. Els teus fills/nets/besnets…. tindràn un bon record!
    Montse

  3. Los comienzos nunca son fáciles, sino todo lo contrario duros como la propia vida, pero también es verdad, que como dice Machado «y al volver la vista atrás veras el camino …..» y así es cundo por fin consigues los logros estos saben mucho mejor.

    Gracias José por regalarnos estos trozos de tu vida que transcurren con los mismos decorados que los nuestros. Un abrazo.

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